Aumentar nuestra inteligencia financiera con pequeñas acciones – II

Dos pautas que sabemos que existen, pero no aplicamos.

Con este tipo de artículo quiero dar a conocer pequeñas acciones que nos ayudan mucho en nuestro día a día. Consiguiendo que se conviertan en un hábito nos van a permitir vivir de una manera más tranquila con respecto al dinero.

Hay pequeñas acciones que si analizamos y tratamos podemos llevar a obtener mejores resultados de los que conseguimos actualmente. Solamente nos falta parar y examinar.

Por supuesto, todas estas acciones, a base de años de práctica, ya se han convertido en mis hábitos y las ejerzo de manera mecánica. Obtengo grandes resultados y es por eso, por lo que quiero compartirlas contigo.

Habrán algunas que ya conocerás y harás (francamente espero que la mayoría) y otras que podrás aplicar nada más terminar de leer el artículo.

Comencemos con el volumen II: 

Saca tu valor/ hora.

Ahora tenemos que pasar de “sacar dinero de nuestro bolsillo” a “intercambiar nuestro tiempo por algo”. Vamos a traducir el dinero al tiempo que nos cuesta conseguirlo.

Con la acción de antes ya somos conscientes del dinero que sale de nuestras manos, pero este dinero, ¿Cuánto nos cuesta conseguirlo?  ¿Cuántas horas de trabajo implica disponer de esa cantidad? ¿2 horas? ¿5 horas? ¿1 semana? ¿1 mes?

Espera.

Vamos a calcularlo para responder todas estas preguntas.

Al final de mes nosotros obtenemos un ingreso por unas horas trabajadas. En este caso lo lógico sería realizar una división y obtener nuestro ingreso/hora.

Temo decirte que esto no es suficiente, nos hemos quedado en la superficie. Tenemos que profundizar un poco más.

Con esa división lo que obtenemos son los beneficios por nuestras horas directas. Estas horas representan nuestra jornada laboral desde que entramos a la oficina y salimos. Por tanto este tiempo afecta de manera directa a nuestro ingreso.

Como hay horas que afectan directamente, también hay otras que indirectamente actúan sobre nuestro ingreso/hora. Estas son más difíciles de determinar y fijar.

Sabiendo identificar estas horas aumentaremos nuestra inteligencia financiera.

¿Cuáles son estas horas indirectas?

Son las que se encuentran fuera de nuestra jornada laboral.

Voy a poner algún ejemplo.

Las más rápidas de identificar son las del momento de la comida. Si tenemos jornada entera siempre se dispone de un intervalo de tiempo para comer.

En ese momento nos vamos a comer a algún sitio cercano, nos llevamos algo precocinado en casa, nos compramos algo en el supermercado… sea lo que fuera, siempre será  algo distinto a lo que haríamos nosotros si no trabajáramos, es decir, hacemos esto porque el trabajo nos lo “impone”.

Pues bien, este gasto “obligatorio” o las horas para cocinar la comida del trabajo tienen que reflejarse en el cálculo de nuestro ingreso/hora.

Por un lado sumaremos las horas de comida a las horas de trabajo y por otro lado, descontaremos el gasto de la comida al ingreso o sumaremos las horas de cocina necesarias para hacer la comida del día siguiente.

En este caso no incluimos lo que nos cuesta los alimentos que vamos a cocinar para el trabajo ya que considero que no varían mucho de lo que compramos habitualmente en el supermercado y no afecta significativamente sobre el gasto.

De todas formas si en tu caso, adquieres productos específicos para las comidas en la oficina, lo calculamos para descontarlo del ingreso.

En definitiva, así quedan una vez incluidas las horas indirectas de la comida: (Es un ejemplo)

Ingresos mensuales: 1.400 € netos

Días trabajados: (tomamos un mes de cuatro semanas laborables) 20 días.

Ingresos/día: 70 € (1.400 € / 20 días)

Con respecto a las horas directas: 8,75 €/hora directa.

 

 

Si ahora incluimos las horas indirectas:

  • Tiempo disponible para comer: 1 hora
  • Opción A: (comemos en el restaurante) 10 €/menú
  • Opción B: (cocinamos el día de antes y comemos en la oficina) 1 hora. Además, en el caso que compremos productos específicos para la comida, debemos reflejarlos aquí.

Opción A: (70 €/día – 10 €/menú) / (8 horas directas + 1 hora indirecta) = 6,67 €/hora.

Opción B: (70 €/día – x €/alimentos cocinados) / (8 horas directas + 1 hora indirecta en la oficina + 1 hora indirecta en casa cocinando) = 7 €/hora.

Con respecto a las horas indirectas: 6,67 €/hora (Opción A) y 7 €/hora (Opción B).

Con esto comprobamos que no es realista si, solamente, tenemos en consideración las horas directas.

Hay gastos indirectos que se producen por el trabajo y que afectan a nuestro coste/hora. Tenerlos identificados aumentará nuestra inteligencia financiera para hacerlos frente.

Aquí solamente he hablado de uno en particular, el gasto indirecto tanto en tiempo como en coste de la comida producida por el trabajo.

Por supuesto hay muchos más gastos debido al trabajo que te animo encarecidamente a calcularlos.

¿Utilizamos el transporte público para ir al puesto de trabajo? ¿Cuánto tardamos?

¿Necesitamos coger el coche para ir a trabajar? Esto conlleva gasto de gasolina, desgaste del coche… ¿Cuánto tardamos?

¿Es requisito ir vestido de alguna manera en particular de la cual no iríamos en nuestro día a día? ¿Cuánto supone esto?

Si nos damos cuenta, a medida que vayamos contestando iremos ajustando nuestro coste/hora.

Con este coste/hora ya estaremos en posición de saber cuánto tiempo nos cuestan las cosas.

Como he comentado al principio de esta pequeña acción. Ahora tenemos que pasar de “sacar dinero de nuestro bolsillo” a “intercambiar nuestro tiempo por algo”.

Entonces, ¿Cuántas horas necesitamos trabajar para comprar una camisa de 50€?

Acostúmbrate a pagar en efectivo.

Este es un tema que todavía no está inculcado en la sociedad. Estamos acostumbrados a pagar con tarjeta y esto provoca, en muchas situaciones, que no nos demos cuenta de la transferencia que se ha producido.

Al no ver billetes salir, no sentimos el gasto.

Está claro, la excusa principal a la que recurrimos es que tener que llevar mucho dinero encima no nos gusta por si lo perdemos… Sin embargo, esto solamente se supera con la costumbre de llevar dinero encima.

Otra excusa es que da pereza ir hasta el cajero para sacar dinero. Esto es verdad. Tengo que decir que tampoco es de mis tareas preferidas.

En mi caso, aprovecho cuando estoy con alguna tarea y paso por el banco para sacar dinero, es decir, me planifico la tarea en función de la que me venga mejor. Así ya tengo solucionado lo del cajero.

Hay que comenzar a despertar nuestra inteligencia financiera.

Con esto solucionado, nos debemos acostumbrar a sacar dinero una vez a la semana previendo el gasto semanal. En este caso, esa cifra ya la sabemos por adelantado gracias a nuestro presupuesto. Si no disponemos de uno, te recomiendo que leas el volumen I de inteligencia financiera.

Al final, los gastos a pagar en efectivo son los del día a día. Para grandes compras esporádicas podemos perfectamente utilizar la tarjeta.

Eso sí, de débito. Nada de crédito. Ya hablaremos de esto en otro artículo.

Entonces… ¿Qué buscamos pagando en efectivo? Ver cómo y cuándo sale nuestro dinero del bolsillo.

Solamente la acción de sacar el dinero de la cartera o del bolsillo, nos hace más consciente del gasto que vamos a llevar a cabo.

Esto nos lleva a la reflexión si el gasto que vamos a realizar es necesario y no una mero capricho para cubrir unas horas de satisfacción. Entra en acción nuestra inteligencia financiera.

Además, con esta pequeña acción ayudaremos al comercio. Esto es debido porque cuando pagamos con tarjeta, parte de la cantidad se la lleva el banco por proporcionar la pasarela de pago.

Si, el banco siempre se lleva parte del pastel de beneficios del comercio.

Si después de todo esto, sigues pensando que no vas a llevar dinero en efectivo. La solución que te propongo es que vayas a tu banco a por una tarjeta de recarga.

El funcionamiento es muy sencillo. En ella introducimos “semanalmente” el dinero que tenemos estipulado por semana y comenzamos a funcionar.

De esta manera llegamos al mismo fin, controlar los gastos, pero sin llevar el efectivo encima.

La finalidad es la misma. El montante en la tarjeta será la establecida por nuestros gastos semanales: comidas, ocio, compras,…

Al final tenemos que elegir la opción con la que vayamos a sentirnos más cómodo.

Dinero en efectivo o tarjeta con saldo.

 

Te animo a probar estas pequeñas acciones con grandes resultados en tu inteligencia financiera.

SI te ha gustado compártelo y dale me gusta. Por supuesto si ya haces alguna de estas acciones, dinos qué beneficios has obtenido. Si es la primera vez que das con estas acciones, cuéntanos tus avances.

Un placer como siempre.

Nos vemos en el volumen III. No te lo pierdas.

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