Aumentar nuestra inteligencia financiera con pequeñas acciones – III

Continua creciendo.

Con este tipo de artículo quiero dar a conocer pequeñas acciones que nos ayuden mucho en nuestro día a día. Consiguiendo que se conviertan en un hábito nos permitirán vivir de una manera más tranquila con relación al dinero.

Hay pequeñas acciones que si analizamos y tratamos podemos llevar a obtener mejores resultados de los que conseguimos actualmente. Solamente nos falta parar y examinar.

Por supuesto, todas estas acciones a base de años de práctica ya se han convertido en mis hábitos y las ejerzo de manera mecánica. Obtengo grandes resultados y es por eso, por lo que quiero compartirlas contigo.

Habrán algunas que ya conocerás y harás (francamente espero que la mayoría) y otras que podrás aplicar nada más terminar de leer el artículo.

Sigamos con el volumen III: 

Separa las cuentas corrientes.

Esta acción es de las primeras que recomiendo para asentar unas bases de organización y cordura a nuestro dinero.

Estas bases son las que marcan en el principio de nuestra inteligencia financiera.

Hay un gran inconveniente en tener todo en una cuenta bancaria. Todo en un mismo sitio nos puede llevar a olvidar qué dinero va destinado a qué cosa o, en algunas ocasiones, a “necesitar” gastar un dinero que teníamos destinado para otro fin pero por una fácil accesibilidad lo gastamos.

Y como está todo mezclado solo me viene una única reacción si sucede lo anterior.

“Me lo gasto y ya el próximo mes comienzo de nuevo”

Cuando todo el dinero permanece en una sola cuenta podemos perder la pista al dinero que va destinado al ahorro, a algún viaje que queramos hacer, a un compra grande. En definitiva, que en el momento de gastar, todos estos objetivos desaparecen porque ya se encarga nuestro subconsciente en hacernos ver que no pasa nada.

Ya el próximo mes…

Y esto, sinceramente, no nos va a llevar a ningún sitio.

Aquí nuestra mentalidad desempeña un papel importante.

Buscamos tener un orden establecido por nosotros mismos y para nuestras finanzas. Hay que olvidar la perspectiva a corto plazo y pasar la frontera de varios meses.

Tenemos que comprometernos a cumplir los objetivos financieros a través de una planificación y eso radica en un esfuerzo mensual. Un esfuerzo que debemos hacerlo lo más llevadero posible.

¿Cómo?

Comencemos a nombrar las cuentas para cada cosa, es decir, vamos a darle nombre y apellido al destino de nuestro dinero. A día de hoy, con la banca online podemos disponer de varias cuentas en diferentes bancos donde no nos supone ningún gasto adicional de mantenimiento, ni de transferencias… ni de nada.

Yo recomiendo que en las cuentas destinadas a objetivos a largo plazo o para emergencias, la tarjeta que nos facilite el banco la dejemos tranquila en casa. Que coja polvo. No pasa nada que pierda brillo.

Si no la llevamos encima, seguro que nunca echaremos la mano “por error” a esa tarjeta y por ende a esa cuenta destinada a un objetivo específico.

Así conseguiremos olvidarnos de ese dinero.

Otra opción, si vemos que tener muchas cuentas no nos gusta, es clasificarlo en sobres y estos tenerlos en casa. Para comenzar está bien pero hay que recordar que el dinero en casa no genera ninguna rentabilidad. Tampoco recomiendo tener mucho efectivo en casa.

Claro está que con esta acción no buscamos rentabilidad sino mas bien organizar nuestro dinero. Sin embargo, si el dinero lo tenemos en algún sitio que nos permite clasificarlo y obtener una pequeña rentabilidad pues mejor que nada.

 

 

Por supuesto, no tengamos los sobres a vista ni en una zona donde trasteamos mucho, ya que nos puede otra vez marear nuestro subconsciente y gastar un dinero que no estaba destinado para eso.

En mi caso, yo utilizo una plataforma llamada coinc que pertenece a Bankinter. Lo bueno de este sitio es que lo tienes todo en una misma cuenta y dentro de ella puedes dividirla por objetivos, llamadas metas, por lo que el dinero se encuentra todo organizado con la comodidad que se encuentra todo en una cuenta.

Además, otras de las ventajas es que no dispones de tarjeta. Asocias una cuenta desde dónde haces las transferencias y para cuando quieras recuperar el dinero y ya está.

Cómodo y sencillo.

La opción con la que empecemos no debe ser la que vayamos a utilizar siempre. Consiste en comenzar de la manera más manejable para nosotros y ya iremos adaptándola.

Tenemos que saber que la única manera de aumentar nuestra inteligencia financiera es poniendo en práctica lo que vamos aprendiendo.

Al final la única tarjeta que debemos tener en la cartera es la correspondiente a la cuenta corriente de gastos mensuales.

Recibe y separa.

Ya disponemos de una organización meditada y puesta en marcha de nuestro dinero. Este orden planificado ya viene marcada por unos objetivos financieros.

Ahora bien, pero ¿Cuánto dinero destino a mis objetivos? y ¿Cuándo?

Estas dos preguntas nos marcan las pautas con respecto a la cantidad y al tiempo.

En el caso del tiempo no hay discusión y este debe ser mensual. Es decir, mensualmente destinaremos una cantidad fijada por nosotros mismos y que por supuesto adaptaremos a nuestra situación económica y en la cual nos sintamos bien.

No queremos estar atados de pies y manos todos los meses con la intención de separar. Ya llegará el momento que podamos apartar más cantidad. A día de hoy, consiste en comenzar lo antes posible con lo que tengamos.

Para que este “separar” no se convierta en una obligación. Debes de pensar que lo que estás haciendo es pagarte a ti mismo y esto es lo primero que se tiene que hacer cada mes.

Cuanto antes comencemos, antes actuará el interés compuesto.

Si por el contrario iniciamos con la idea de separar lo máximo, acabaremos los meses muy apretados y desistiremos al cabo de pocos meses.

No vale comenzar fuerte y, pasado varios meses, recurrir al dinero separado para hacer frente al día a día.

¿Por qué digo esto? Porque esta separación se debe realizar siempre, mes tras mes, año tras año.

Cada mes, hay un momento que se repite y este es cuando recibimos en nuestra cuenta el ingreso mensual. Es ahí cuando debemos aplicar lo comentado en la acción anterior y emprender la separación.

La riqueza no está marcada por lo que ganamos mes a mes sino más bien con lo que mantenemos mes a mes.

Vale… pero entonces cuánto tenemos que separar.

Aquí hay una gran variedad de respuestas ya que hay gente que es más agresiva que otras.

Mi consejo es que comencemos separando un 15% de nuestros ingresos.

  • 5% destinado al ahorro. Dinero que se aparta para un colchón de seguridad, dinero para imprevistos, viajes, compras grandes,…
  • 5% para inversión, la base de cualquier patrimonio. El fin es obtener más dinero con nuestro dinero. Nunca se toca. Las ganancias que vayamos obteniendo se reinvierten.
  • 5% a formación. Fundamental si queremos seguir creciendo en un mundo cambiante.

Estos son, los destinos que recomiendo.

Por supuesto podemos establecer otros destinos para nuestro dinero o desglosar más el ahorro en varias particiones diferenciadas. Aun así, que no signifique suprimir algunos de estos en compensación con otros.

Estos deberían ser inamovibles para nosotros ya que suponen tres piezas muy importantes.

Ahorro, inversión y formación.

A medida que vayamos aumentando nuestra inteligencia financiera y utilicemos nuestro dinero de una manera más consciente iremos separando más cantidad.

Unos porcentajes óptimos serían 15% ahorro, 10% inversión y 5% formación.

Ahora solo falta que te animes a probar estas pequeñas acciones con grandes resultados en tu inteligencia financiera.

SI te ha gustado compártelo y dale me gusta. Por supuesto si ya haces alguna de estas acciones, dinos qué beneficios has obtenido. Si es la primera vez que das con estas acciones, cuéntanos tus avances.

Un placer como siempre.

JAVIER DOMINGO

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